domingo, 20 de mayo de 2012

Encierro en Almassora


La calle Mayor de Almassora cambió ayer de nomenclatura. Al menos para los que la hicieron suya para realizar una carrera dónde la vida debe tener más piernas que la muerte. El primer encierro de la temporada de la Comunitat Valenciana con toros de Román Sorando congregó ayer en la localidad a más de 8.000 personas, según fuentes municipales, en un recinto taurino cuya milla de oro se conoce como Estafeta.
Los cientos de kilómetros que algunos habían echado en la carretera para participar en la cita se canjeaban ayer por solo unos metros con los pitones rozando la camiseta. Un cometido tan difícil como arriesgado que solo consiguieron los que aguantaron el ritmo de la manada, que partió dos minutos después de las 12.00 horas de los corrales situados en la plaza de la Iglesia. Los corredores ya habían tomado posiciones en un recorrido de casi 800 metros en cuyos últimos compases se registran los mejores tú a tú con el toro. Los nervios acumulados en los momentos previos se quedaban parados mientras la muchedumbre empezaba a correr guiada por la intuición.
Tras desfilar por la calle San Joaquín y tomar Colón, los seis astados, patrocinados por el Ayuntamiento, San Fermín, Corb, Clafidors, Barrilet, Penjats, Gavell y Els Casats, enfilaron la calle Mayor donde les esperaban aficionados llegados de toda España. A partir de ese momento, un toro se situó a unos 15 metros de distancia del resto de la torada, que continuó compacta pero sin perder el ritmo. El sonido de las pezuñas compartió escenario y construyó melodía junto a los latidos del corazón de los que marcan en rojo citas como la de ayer en su calendario. Fue muy difícil seguirle el ritmo al líder de los seis astados jienenses pero no imposible para Mateo, de Onda, o Jorge, de Ontinyent, que, como otros, aguantaron con una gran maestría cerca de sus lomos.
Campocorto, Triunfante, Gaviota, Tonoso, Tirador y Chivatillo se fueron estirando a medida que se iban situando cada vez más cerca de la calle Río para entrar en los corrales hasta nuevo aviso.
Los nobles Sorando no quisieron darle faena al cirujano taurino Gustavo Traver, al mando del operativo sanitario, y no dejaron ningún herido por asta de toro. Un parte limpio al que, de buen seguro, también echó un capotazo Santa Quiteria con su manto.