miércoles, 6 de octubre de 2010

El Roser. Almassora

Buen ambiente en el que respiraba ayer en el recinto taurino. Quintanilla, recortando a cuerpo limpio al toro de la peña El Porrat. El toro de Aurelio Hernando, estirándose tras el muletazo de ‘Chamaco’ en la plaza de la Picaora.
Tarde de contrastes, pero, sobre todo, de liturgia taurina. Y es que en el mundo del toro, aunque a priori lo parezca, no tiene cabida la improvisación, todo está reglamentado. Federico García Lorca, amante de la fiesta y de la ceremonia que la rodeaba, decía que en el festejo taurino “de la misma manera que en la misa, se adora y sacrifica a un dios”.
Un culto al toro que puso de manifiesto la nueva Peña El 38, que debutó de la mano de un hierro torista que ayer firmó con el sello veragüeño la tercera tarde taurina de las fiestas de la Verge del Roser de Almassora.
Una cuidada puesta en escena rodeó la salida de Jilguero, el ejemplar de Aurelio Hernando, una ganadería que volvía a la Vila tras el buen sabor de boca que dejó en sus anteriores comparecencias y que también se encontraba patrocinado por la peña Sant Roc.
Nada se dejó en manos del azar, desde el nombre de la peña a los colores del colectivo y solo estuvo a punto de resistirse la divisa que, finalmente y dirigido por el ganadero madrileño, puso Alberto Sojo. Así, desde el cajón situado en el cruce entre la calle San Vicente y Colón, el jabonero, de buena presencia, salió a la arena donde le esperaba Richard chaqueta en mano. Bonita salida donde el animal derrochó grandes dosis de nobleza, un hecho que propició una rueda de rodadas que, por suerte, no acabaron con él. Se despidió de la Picaora bajo aplausos, no sin antes dar un susto a César Palacios. Recorrió las calles respondiendo a los cites y volvió a su punto de origen donde lo torearon por verónicas con el capote y pases por alto con la muleta del veterano Chamaco.
No desarrolló las mismas cualidades Esquivo, el astado de la peña El Porrat con el que compartía cartel. Paradojas del destino el colectivo, con más de 30 años de experiencia en el mundo de la fiesta, se decantó por un hierro joven como es el de Corbacho Grande al que vienen siendo fieles en las últimas ediciones festivas. El ejemplar, de color negro, hizo su salida desde la plaza Mayor ante la atenta mirada de los miembros de la peña desde su cadafal. Fue parado por Francisco Quintanilla que incluso se lució con un recorte en los medios. El toro parecía buscar salida y se dedicó a correr arriba y abajo por el recinto, si bien es cierto que sobre el asfaltó respondió a algunas rodadas y eso sí, hizo disfrutar tanto a los aficionados que lo seguían como a los que lo contemplaban desde sus casas con aplausos.
Fuente: El Periódico Mediterráneo
Fotos: La Plana al Dia