domingo, 31 de julio de 2011

Encierro de Corbacho Grande en Tudela


Un toro apuntillado en pleno recorrido del encierro es una imagen poco usual pero, por desgracia, no inédita en Tudela. Y es que el encierro de la capital ribera ha vivido esta misma escena en dos ocasiones en los últimos tres años.
En 2009, un toro sufrió un colapso y tuvo que ser sacrificado tras permanecer 15 minutos tendido sobre el asfalto. Ayer, "Baratero", uno de los astados del último encierro de las fiestas de Tudela, corrió esta misma suerte al romperse la pata trasera izquierda y no poder continuar la carrera.
El morlaco se partió la extremidad al ser arrollado por sus propios hermanos en la misma salida de los corrales de la calle Frauca. El animal quedó rezagado y, a duras penas, subió la cuesta de la Estación. Una vez en Camino Caritat, el toro no pudo más y cayó al suelo. Su suerte estaba echada.
El animal tenía fuerzas suficientes para levantarse, pero su pata, totalmente quebrada, impedía cualquier intento de mantenerse sobre sus pezuñas. Conforme el animal perdía su energía, los pastores le rodearon para evitar nuevos amagos de embestida y colocarle en la mejor posición con objeto de facilitar su sacrificio.
Decenas de personas, entre corredores, espectadores, y policías rodearon al toro. Éste, poco a poco, escalonaba más sus arranques de bravura como si acatara resignado que allí iba a morir.
El encargado de sacarle de dudas fue Pablo García Zambrana, quien se encontraba en la plaza de toros realizando labores de doblador. Al tercer intento, García clavó la puntilla en el lugar correcto para matar al toro. Después, una máquina elevadora retiró al animal, que será incinerado.
Este incidente empañó uno de los encierros de más calidad de los últimos años en Tudela. La ganadería gaditana Corbacho Grande presentó en la capital ribera unos astados impresionantes que completaron una carrera trepidante y llena de emoción.
Desde el inicio, los toros corrieron disgregados y por delante de los cabestros, lo que permitió el lucimiento de los numerosos mozos que cerraron el ciclo tudelano.
La peligrosidad del acto se reflejó en el parte de heridos, el más extenso de las fiestas. Los atendidos fueron: A.D.D., de 17 años y de Tudela, trasladado al centro de salud con una herida en la barbilla; C.V.E., de 23 y de Cizur, y J.M.S., de Tudela, ambos con posible esguince de tobillo; P.G.S., tudelano de 55 años, con un varetazo en el brazo derecho; y los guipuzcoanos F.C.P., de 30 años, con contusión en el ojo, y J.J.L.A., con heridas simples.