martes, 30 de agosto de 2011

Segundo encierro de Cuéllar


Los toros de la ganadería de Esteban Isidro protagonizaron ayer el segundo encierro del ciclo cuellarano, que destacó por su tranquilidad en el recorrido por el pinar y el campo y las bonitas carreras que se dejaron ver por las calles de la localidad, gracias a que dos de los toros abrían la manada y que ésta se disgregó en dos grupos de tres astados, lo que permitió que muchos mozos pudieran realizar dos tramos ante los cuernos.
Como es habitual, los astados salieron puntualmente de los corrales situados junto al río Cega, a unos cuatro kilómetros de la localidad, ante numeroso público y alrededor de 200 caballistas. El descenso de la cifra de jinetes con respecto al año pasado ha sido significativa y está ayudando al correcto desarrollo del tramo campero de los encierros.
Al igual que ayer, un grupo de la Guardia Civil a caballo acompañó el recorrido y solicitó las acreditaciones a algunos de los caballistas que no llevaban su pegatina en un lugar visible. Este trabajo está facilitando la labor de aquellos que sí realizaron su inscripción de forma correcta y que están autorizados para acompañar el ganado en los primeros kilómetros de su carrera.
Tras una buena recogida, la tranquilidad fue la nota dominante en el transcurso del pinar. Los caballistas guiaron a la manada de forma más cómoda que en la jornada del domingo, aún teniendo en cuenta que se desconocía cual podía ser el comportamiento de las reses en el campo, pues era la primera vez que esta ganadería protagonizaba uno de los encierros de la localidad.
También numeroso público se apostó para ver el paso de Las Máquinas, en los últimos metros del recorrido por el pinar, donde los astados pasaron de forma tranquila, bien arropados por los caballistas, que en el último tramo azuzaron a la manada, para que el cruce de la carretera de Cantalejo se realizara de la forma más rápida posible y evitar incidentes.
La manada cogió velocidad en este punto y tras cruzar el vial, donde también decenas de personas acuden a disfrutar del espectáculo, no pudieron parar la manada en el descansadero habitual, aunque sí lo consiguieron unos metros más adelante. En esta primera parada la manada se mantuvo compacta, sin que los jinetes tuvieran que realizar mayor trabajo que mantenerse alerta para que ningún astado se escapara del grupo.
En el campo
Ya en el campo, el resto del recorrido continuó tranquilo, con la manada bien arropada por los jinetes, que realizaron en el lugar habitual el segundo descanso y que condujeron de forma tranquila la manada hasta lo alto del Embudo, donde se realiza el último de los descansos, unos diez minutos antes de que comience el espectáculo en las calles de la villa. Con estas paradas se trata de garantizar que las reses lleguen en buena forma física al tramo urbano y que no acusen demasiado el recorrido realizado durante una hora y media.
De forma puntual se produjo también el descenso del Embudo, que se realizó de forma rápida, con dos reses abriendo la carrera y mandando sobre el resto de la manada durante toda la bajada, tónica que continuó durante el encierro por las calles de la localidad. Los centenares de personas que se sitúan a ambos lados de esta cuesta, rompieron en aplausos hacia los jinetes por el buen trabajo desarrollado en la jornada.
Al finalizar la carrera, algunos de los caballistas se encargaron de sujetar dos bueyes, con el fin de que el encierro llegara más limpio hasta las calles del municipio, con menor número de mansos que entorpecieran el normal desarrollo de las carreras, una actitud que fue muy aplaudida por los corredores y en especial por grupos como la Asociación Encierros de Cuéllar, que había demandado esta iniciativa en varias ocasiones.
Tramo urbano
La velocidad y las buenas carreras fueron la tónica dominante en el tramo urbano del encierro, que duró poco más de dos minutos hasta que las reses concluyeron su recorrido y entraron en la plaza de toros del municipio. El primer tramo, el de la avenida Camilo José Cela, se realizó con la manada agrupada, hasta la calle Resina, en cuyo final se disgregó en dos grupos con tres astados cada uno, separados por unos pocos metros.
La manada entró lanzada y con rapidez en la calle Las Parras, donde se disfrutó de carreras largas y vistosas, con algunos corredores realizando varios metros a escasos centímetros de los pitones. Los propios corredores manifestaban ayer que había sido un placer poder correr un encierro como el de ayer en las calles de la villa, ya que en algunas ocasiones incluso se pudieron realizar dos carreras, una ante los astados que encabezaban la manada y otra con los que llegaban unos metros por detrás.
El cirujano, sin trabajo
Por segundo día consecutivo, el encierro de Cuéllar no tuvo que lamentar heridos por asta de toro, y en la enfermería de la plaza de toros, según manifestó el cirujano jefe Pablo Vázquez, únicamente tuvo que ser atendida una persona contusionada, cuyas lesiones se habían producido en la probadilla que cada día se ejecuta en el coso taurino unos minutos después de la conclusión del encierro.
Info: Norte de Castilla